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Cómo Michael Faraday pasó de ser un aprendiz de encuadernador hambriento a un gigante científico

Michael Faraday no empezó con una cuchara de plata. Empezó con hambre.

Su padre, George Faraday, era herrero de profesión. Pero la enfermedad le impidió trabajar de forma constante. Eso significaba que la familia a menudo se quedaba sin comida. Michael era uno de cuatro hijos. Su madre era una mujer de campo. Poseía una rara calma y una profunda sabiduría. Esa estabilidad era probablemente lo único que mantenía unida a la familia cuando no se podían pagar las cuentas.

El comienzo de una carrera

La pobreza tiene una manera de forzar la madurez temprana.

Michael no esperó una limosna. Empezó a trabajar joven. ¿Su primer trabajo? Entrega de periódicos.

Trabajó para un librero y encuadernador. No fue glamoroso. Fue un trabajo duro. Pero lo puso en la habitación donde sucedió.

“Estaba rodeado de las herramientas de la creación intelectual, aunque aún no las entendía.”

Mientras entregaba los periódicos, vio los libros. Vio las ataduras. Vio el proceso.

Esta exposición lo cambió todo.

De Messenger a Aprendiz

El encuadernador notó algo.

Michael no estaba simplemente dejando papel. Él estaba mirando. Él estaba escuchando. Hizo preguntas.

Pronto cesaron las entregas de periódicos. El verdadero trabajo comenzó.

Se convirtió en aprendiz. Aprendió el oficio. Encuadernó libros. Reparó lomos. Cosió páginas.

Pero también los leyó.

No se trataba simplemente de ataduras que reparar. Eran ventanas a lo desconocido. Leyó química. Leyó física. Leyó sobre electricidad.

La mayoría de los chicos de su edad soñaban con la fama. Faraday soñaba con comprender.

El científico improbable

Es extraño pensar en ello ahora.

El hombre que descubriría la inducción electromagnética empezó su vida con el estómago vacío. El hombre que demostraría que la luz y el magnetismo estaban relacionados empezó pegando papel.

La sabiduría de su madre mantuvo su mente tranquila. La disciplina de su padre mantuvo sus manos ocupadas. ¿Pero los libros? Los libros prendieron fuego a su mente.

No tenía título universitario. No tenía bata de laboratorio. Tenía las manos callosas y una curiosidad hambrienta.

Esa combinación resultó más fuerte que cualquier pedigrí.

El resto, como dicen, es historia. Pero el primer capítulo fue escrito con tinta y hambre.

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