Las tortugas marinas muestran una resiliencia inesperada al cambio climático

Investigaciones recientes sugieren que las tortugas marinas pueden estar mejor equipadas para soportar el aumento de las temperaturas globales de lo que se temía anteriormente. Si bien las preocupaciones sobre las proporciones de sexos sesgadas (con nidos más cálidos que producen crías abrumadoramente hembras) han sido generalizadas, nuevos hallazgos revelan una sorprendente flexibilidad genética que podría ayudar a estos reptiles a mantener una estructura poblacional más equilibrada incluso cuando el clima se calienta.

La paradoja temperatura-sexo

Para las tortugas marinas, a diferencia de los humanos y muchos otros animales, el sexo no está determinado por los cromosomas sino por la temperatura del nido. Las temperaturas más altas producen hembras, mientras que las temperaturas más bajas producen machos. Esto ha dado lugar a proyecciones alarmantes, como el estudio de 2018 que encontró que el 99% de las tortugas verdes jóvenes de los sitios de anidación más cálidos en Australia eran hembras. Sin suficientes machos, se esperaba que las poblaciones colapsaran.

Sin embargo, evaluar con precisión el sexo de las crías en la naturaleza ha sido casi imposible hasta ahora: determinar el sexo de una tortuga requiere procedimientos invasivos. Para sortear esta limitación, investigadores dirigidos por Chris Eizaguirre de la Universidad Queen Mary de Londres realizaron experimentos controlados con tortugas bobas.

Mecanismos genéticos en juego

El equipo incubó huevos a diferentes temperaturas (promoción masculina, fundamental y promoción femenina) y luego utilizó análisis genéticos para determinar el sexo a través de muestras de sangre antes de que se desarrollaran las características físicas definitivas. Descubrieron que, independientemente de la temperatura de incubación, los machos y las hembras exhibían patrones distintos en la actividad genética debido a un proceso llamado metilación del ADN, un cambio epigenético que influye en cómo se expresan los genes.

En concreto, cientos de genes mostraron actividad alterada: 383 fueron suprimidos en mujeres y 394 en hombres. Se sabe que estos genes desempeñan un papel en el desarrollo sexual, lo que permite a los investigadores predecir el sexo con gran precisión a partir de una simple muestra de sangre.

Los datos de campo confirman la resiliencia

Para validar estos hallazgos en el mundo real, el equipo rastreó los nidos de tortuga boba en la isla Sal en Cabo Verde, enterrando los huevos a diferentes profundidades para crear microclimas más cálidos y más fríos. La secuenciación de muestras de sangre de crías reveló un resultado sorprendente: nacieron muchos más machos de los previstos basándose únicamente en la temperatura. Los modelos sobreestimaron la producción femenina en un 50-60%.

Esto sugiere que las tortugas poseen mecanismos moleculares que les ayudan a adaptarse a las condiciones cambiantes modificando la sensibilidad de su desarrollo sexual a la temperatura. “No decimos que no hay feminización porque la hay, y no decimos que el cambio climático no existe porque está ahí y se está acelerando”, explica Eizaguirre. “Lo que estamos diciendo es que cuando las poblaciones son lo suficientemente grandes, cuando hay suficiente diversidad, entonces parece que las especies [pueden] evolucionar en respuesta al clima en el que viven”.

Más allá de la genética: adaptaciones conductuales

Otras investigaciones corroboran estos hallazgos. Los estudios realizados por Graeme Hays de la Universidad Deakin muestran que nacen más tortugas macho de lo esperado si la temperatura fuera el único determinante. Además, las tortugas exhiben adaptaciones de comportamiento, como anidar a principios de año y patrones de migración que reducen los impactos de la feminización. Las tortugas macho también viajan a las zonas de reproducción con más frecuencia que las hembras, lo que equilibra la proporción de sexos reproductivos.

Si bien las crías aún enfrentan estrés por calor, lo que deja cambios duraderos en la metilación del ADN, las adaptaciones moleculares observadas brindan noticias alentadoras para estos reptiles vulnerables.

La combinación de flexibilidad genética y ajustes de comportamiento sugiere que las tortugas marinas pueden ser más resistentes al cambio climático de lo que se pensaba anteriormente, aunque el calentamiento continuo sigue siendo una amenaza importante.