El artista visual Daniel Regan ha creado una sorprendente serie de fotografías que ofrecen una mirada poco común a la experiencia interna del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Al alterar físicamente las imágenes utilizando el mismo medicamento que controla sus síntomas, Regan traduce el caos neurológico abstracto en imágenes tangibles y oníricas.
Del diagnóstico a la colaboración creativa
El proyecto comenzó poco después de que Regan recibiera un diagnóstico de TDAH a los 40 años. Antes de esto, luchaba con síntomas como distracción y desorden mental. Describe la mente con TDAH no tratada como “ver cinco películas proyectadas simultáneamente, cada una con su propia banda sonora y subtítulos”.**
Después de comenzar el tratamiento con lisdexanfetamina, Regan experimentó un cambio significativo. Compara el efecto del medicamento con “bajar el volumen”, lo que le permite concentrarse en sólo una o dos películas a la vez. Esta nueva claridad y calma lo inspiraron a involucrarse con la droga no solo como una herramienta médica, sino como un colaborador creativo.
La química del caos
El proceso artístico de Regan es tan único como su tema. Tomó fotografías Polaroid de él mismo y de la selva australiana durante las caminatas, luego sumergió las imágenes reveladas en soluciones que contenían diferentes proporciones de su medicamento para el TDAH y agua. Esta interacción química distorsionó las fotografías durante períodos de hasta tres meses, creando patrones orgánicos e impredecibles.
Las imágenes resultantes sirven como metáforas de su estado neurológico:
- La Sábana Santa de Seda: En un autorretrato, Regan aparece envuelta en una textura frágil similar a la seda. Él interpreta esto como una representación de estar “retenido” por el medicamento, encontrando belleza en la vulnerabilidad y el apoyo que brinda.
- The Chaotic Bush: Otra imagen muestra vegetación australiana rodeada de estructuras en forma de burbujas. Regan señala que la composición caótica refleja la sensación de tener todos los “diales y controles deslizantes” mentales activados, lo que refleja la abrumadora información sensorial típica de los síntomas del TDAH.
- El yo celular: Un autorretrato de color azul intenso sufrió una transformación que le dio un “efecto biológico, celular y molecular”. Regan encuentra esto particularmente conmovedor, ya que conecta visualmente la naturaleza química de la droga, que aumenta los niveles de dopamina en el cerebro, con su impacto físico en su cuerpo y mente.
- Memoria y pérdida: Las imágenes finales, con amarillos y verdes luminosos que envuelven siluetas de hojas, evocan una sensación de nostalgia. Una fotografía le recuerda a Regan a su difunta madre, lo que le lleva a reflexionar sobre si ella podría haber reconocido estos patrones en su vida si hubiera sabido de su diagnóstico.
Una ventana a la neurodiversidad
La serie, titulada “C15H25N3O” (la fórmula molecular de la lisdexanfetamina), se exhibirá en la Bethlem Gallery de Londres como parte de la exposición (be)longing del 22 de abril al 11 de julio de 2026.
El trabajo de Regan llega en un momento de creciente conciencia pública sobre el TDAH. Si bien el trastorno se caracteriza por síntomas que aparecen en la niñez, como olvidos, impulsividad y dificultad para administrar el tiempo, para muchos sigue siendo difícil articular la realidad interna de vivir con él. Regan espera que su arte cierre esta brecha, proporcionando un lenguaje visual para una experiencia que a menudo se malinterpreta.
“A veces es un poco difícil describir o encontrar las analogías adecuadas para que las personas entiendan cómo es una experiencia interna, pero creo que las imágenes representan algo de ese tipo interno de caos y capas”.
Al fusionar ciencia y arte, Regan hace más que documentar su viaje personal; ofrece un profundo recordatorio de que la neurodivergencia no es sólo una etiqueta clínica, sino una experiencia humana compleja y estratificada.