Antes de mediados del siglo XIX, tu guardarropa era un proyecto hecho a medida. Si necesitabas ropa, la hacías en casa o esperabas a que una modista y sastre local la cosiera a mano. Fue lento. Fue algo personal. No era escalable.

Luego llegó el siglo XX. Las nuevas tecnologías lo cambiaron todo. La máquina de coser entró en escena. El capitalismo global se afianzó. El sistema de producción fabril llegó a dominar. Los puntos de venta minorista, como los grandes almacenes, comenzaron a aparecer por todas partes. La ropa pasó de ser prendas únicas a artículos producidos en masa en tallas estándar. Los precios se volvieron fijos.

Hoy en día, Internet es el último gran cambio en esta industria. Actúa como punto de venta las 24 horas. Llega a clientes rurales que alguna vez tuvieron un acceso limitado a la moda. También impulsa la comercialización y el marketing a través de revistas en línea, blogs y redes sociales. La industria de la moda comenzó en Europa y América. Ahora está muy globalizado. El viaje de la aguja a la red continúa.