Un iceberg de décadas de antigüedad, conocido como A-23A, está experimentando una rápida desintegración en el Atlántico Sur, y las imágenes de satélite revelan una sorprendente transformación a medida que los estanques de agua de deshielo convierten el hielo en un intenso color aguamarina. El colosal fragmento de hielo, que se desprendió por primera vez de la plataforma de hielo Filchner de la Antártida en 1986, ahora muestra signos claros de sus etapas finales de descomposición, según lo observado por el Observatorio de la Tierra de la NASA.
Un gigante longevo
El iceberg A-23A se considera un iceberg tabular : una enorme formación de cima plana que se desprendió del hielo antártico el mismo año que el desastre de Chernobyl y la tragedia del transbordador espacial Challenger. Su longevidad y su gran tamaño lo han convertido en uno de los icebergs más monitoreados de la historia, lo que ha permitido a los científicos décadas de seguimiento de datos.
Las llamativas franjas azules visibles en las últimas imágenes son estanques de agua de deshielo: charcos de agua líquida que se acumulan en la superficie del iceberg durante el verano austral más cálido. Estos estanques debilitan la estructura del hielo y contribuyen a su ruptura. Las imágenes fueron capturadas por el satélite Terra de la NASA el 26 de diciembre de 2025 y detalladas con más detalle por un astronauta a bordo de la Estación Espacial Internacional utilizando una cámara Nikon Z9.
Ubicación y deriva actual
A principios de enero de 2026, el A-23A está a la deriva en el Océano Atlántico Sur, entre el extremo oriental de América del Sur y la isla Georgia del Sur. La posición actual del iceberg lo convierte en un tema clave para el seguimiento, ya que su eventual desintegración tendrá implicaciones para las corrientes oceánicas y los ecosistemas marinos.
Por qué esto importa: dinámica de los icebergs y cambio climático
El rápido derretimiento del A-23A proporciona un laboratorio en tiempo real para estudiar cómo se rompen las grandes formaciones de hielo. A medida que se acumula el agua de deshielo y se extienden las fracturas, el peso del iceberg cambia, acelerando su desintegración. Este proceso no se trata sólo de un iceberg; es indicativo de una tendencia más amplia.
La ruptura de un iceberg masivo como el A-23A inyecta una cantidad significativa de agua dulce en el océano, alterando potencialmente las corrientes locales y los patrones de afloramiento. Esto puede estimular el crecimiento del fitoplancton, impactando la red alimentaria marina.
Si bien los icebergs se desprenden naturalmente de las plataformas de hielo, la aceleración de este proceso debido al cambio climático hace que un seguimiento detallado sea crucial. Las observaciones satelitales permiten a los científicos perfeccionar modelos del comportamiento de las capas de hielo y comprender las implicaciones más amplias para los niveles del mar y los ecosistemas oceánicos.
La desintegración del A-23A es un recordatorio visible del clima cambiante del planeta y la importancia de la observación continua. Los datos recopilados en este evento mejorarán las predicciones sobre la estabilidad de la capa de hielo, lo que será esencial para comprender y adaptarse a futuros cambios ambientales.


























