Los científicos han descubierto que un pequeño cuerpo helado ubicado en el distante Cinturón de Kuiper posee una atmósfera detectable, un hallazgo que desafía las suposiciones arraigadas sobre qué tipos de objetos celestes pueden sostener envolturas gaseosas. El objeto, formalmente designado (612533) 2002 XV93, es significativamente más pequeño que Plutón, con un diámetro de menos de 500 kilómetros. A pesar de su tamaño modesto y su extrema distancia del Sol, retiene una delgada capa de gas que desvía la luz de las estrellas, ofreciendo nuevos conocimientos sobre la dinámica volátil del sistema solar exterior.
Una ocultación inesperada
El descubrimiento fue posible gracias a un raro evento astronómico conocido como ocultación. El 10 de enero de 2024, 2002 XV93 pasó directamente frente a una estrella distante. Un equipo dirigido por Ko Arimatsu de la Universidad de Kyoto observó este evento desde tres lugares diferentes de Japón.
En el vacío, la luz de la estrella habría desaparecido y reaparecido casi instantáneamente cuando el objeto la bloqueó y luego la reveló. Sin embargo, las observaciones contaron una historia diferente. La luz de la estrella se desvaneció gradualmente y se recuperó en aproximadamente 1,5 segundos. Esta lenta transición indicó que la luz de las estrellas estaba siendo refractada o desviada por un medio que rodeaba al objeto: una atmósfera tenue.
Un sobre fantasmal
La atmósfera detectada alrededor de 2002 XV93 es increíblemente delgada. Los investigadores estiman que la presión superficial está entre 100 y 200 nanobares. Para poner esto en perspectiva:
* Es aproximadamente entre 5 y 10 millones de veces más delgada que la atmósfera de la Tierra.
* Es aproximadamente entre 50 y 100 veces más delgada que la frágil atmósfera de Plutón.
“No se podía respirar, sentir el viento ni ver nada parecido al cielo de la Tierra”, explica Arimatsu. “Pero científicamente no es despreciable porque incluso una atmósfera tan delgada puede desviar considerablemente la luz de las estrellas, y nos dice que hay gases volátiles presentes o siendo suministrados alrededor de un cuerpo helado muy pequeño”.
Si bien el equipo no pudo analizar directamente la composición química del gas, identificaron los candidatos más probables. Dadas las gélidas temperaturas del sistema solar exterior, la atmósfera probablemente esté compuesta de metano, nitrógeno y monóxido de carbono, sustancias lo suficientemente volátiles como para existir como gases en estas condiciones extremas.
Desafiando la sabiduría convencional
Este descubrimiento plantea importantes preguntas sobre la naturaleza de los cuerpos pequeños del sistema solar. Hasta ahora, las atmósferas detectables estaban asociadas principalmente con planetas, planetas enanos y lunas grandes. La presencia de una atmósfera en un cuerpo tan pequeño como 2002 XV93 sugiere que nuestra comprensión de la retención y formación atmosférica puede necesitar una revisión.
2002 XV93 pertenece a un grupo de objetos conocidos como plutinos, que comparten una resonancia orbital estable con Plutón (completando tres órbitas alrededor del Sol por cada dos realizadas por Neptuno). La existencia de una atmósfera aquí implica que procesos como la desgasificación desde el interior, la actividad volcánica o incluso las recientes colisiones cósmicas podrían estar suministrando activamente gases a estos pequeños mundos.
Ben Montet, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, destaca la importancia de este hallazgo: “Hay una atmósfera, y no entendemos por qué… Ciertamente desafía la suposición de que ni siquiera una atmósfera delgada y transitoria puede existir en un cuerpo tan pequeño”.
Por qué esto es importante
Este descubrimiento cambia el límite de lo que consideramos “activo” en el sistema solar. Sugiere que los pequeños cuerpos helados no son simplemente rocas estáticas y congeladas sino que pueden poseer entornos superficiales dinámicos impulsados por fuerzas internas o externas. Mientras los astrónomos continúan explorando el Cinturón de Kuiper, hallazgos como este subrayan la complejidad de estos mundos distantes e insinúan las diversas formas en que las atmósferas pueden formarse y persistir, incluso en las escalas más pequeñas.
























