Una nueva investigación genética confirma que los cocodrilos de agua salada (Crocodylus porosus ) habitaban las remotas islas Seychelles en el Océano Índico mucho antes de la llegada del hombre, un descubrimiento sorprendente que remodela nuestra comprensión del área de distribución histórica de este superdepredador. La ahora extinta población de cocodrilos de Seychelles no era una especie localizada ni un cocodrilo del Nilo mal identificado, como se suponía anteriormente, sino una extensión lejana del mismo linaje de cocodrilos de agua salada que se encuentra hoy en el sudeste asiático, Australia y el Pacífico occidental.
Un viaje oceánico de 3.000 millas
El estudio, publicado en Royal Society Open Science el 28 de enero, revela que estos cocodrilos probablemente se desplazaron más de 3.000 kilómetros (1.864 millas) a través del Océano Índico para colonizar las islas. Esto sugiere un extraordinario nivel de adaptabilidad y movilidad para la especie, que ya es conocida por su capacidad para sobrevivir en ambientes de agua salada.
La existencia de una próspera población de cocodrilos en las Seychelles está respaldada por registros históricos de expediciones de hace más de 250 años. Sin embargo, los asentamientos humanos a finales del siglo XVIII propiciaron su rápida y completa erradicación. Hoy en día, sólo quedan ejemplares conservados en museos de Seychelles, Londres y París como prueba de su antigua presencia.
Confirmación genética
Los primeros intentos de clasificar a los cocodrilos de las Seychelles se atribuyeron inicialmente erróneamente a los cocodrilos africanos del Nilo. Un análisis posterior de rasgos físicos realizado en 1994 los identificó correctamente como cocodrilos de agua salada, pero el nuevo estudio proporciona una confirmación genética definitiva. Los investigadores analizaron el ADN mitocondrial de cráneos y dientes antiguos de museos y lo compararon con especímenes modernos. Los resultados coincidieron claramente con las firmas genéticas de cocodrilos de agua salada de regiones distantes.
“Los patrones genéticos sugieren que las poblaciones de cocodrilos de agua salada permanecieron conectadas durante largos períodos y a través de grandes distancias, lo que indica la alta movilidad de esta especie”, dice la coautora del estudio Stefanie Agne, bióloga evolutiva de la Universidad de Potsdam.
Adaptaciones para viajes de larga distancia
Los cocodrilos de agua salada poseen glándulas de sal especializadas en la lengua, lo que les permite prosperar en ambientes marinos y sobrevivir a largos viajes por el océano. Esta adaptación probablemente facilitó su distribución generalizada en la región del Indo-Pacífico y puede haber evitado una divergencia genética significativa entre poblaciones distantes.
Investigaciones futuras y preguntas sin respuesta
Si bien el análisis del ADN mitocondrial proporciona pruebas sólidas, el estudio reconoce limitaciones. Investigaciones futuras que utilicen ADN nuclear podrían revelar diferencias regionales a mayor escala entre los grupos de cocodrilos de agua salada, ya que el ADN mitocondrial se hereda únicamente a través de la línea materna. Esto ayudará a pintar una imagen más detallada de la diversidad genética y la historia evolutiva de la especie.
El descubrimiento subraya cuán dramáticamente la actividad humana puede alterar incluso los rangos de distribución de las especies más resistentes. La extinción de los cocodrilos de Seychelles sirve como un crudo recordatorio de las consecuencias de la colonización desenfrenada y la pérdida irreversible de biodiversidad.



























