La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) está cambiando su enfoque de la investigación oceanográfica a facilitar la extracción comercial de minerales del fondo marino, lo que marca un cambio de política significativo con consecuencias ambientales potencialmente de gran alcance. Esta decisión se produce mientras la administración Trump acelera los esfuerzos para abrir operaciones mineras en aguas profundas tanto en las regiones del Pacífico como del Ártico.

El impulso a la minería de los fondos marinos

La minería en aguas profundas se centra en nódulos polimetálicos, formaciones rocosas que contienen metales valiosos como manganeso, cobalto, níquel y cobre. Estos minerales son cruciales para las tecnologías modernas, incluidas las baterías de vehículos eléctricos y los sistemas de defensa. Si bien la minería comercial de los fondos marinos aún no ha comenzado, la administración está acelerando el proceso de obtención de permisos para empresas privadas que deseen explotar estos recursos.

Erik Noble, subsecretario adjunto de la NOAA para minerales de aguas profundas, expresó entusiasmo en una reciente conferencia de la industria: “En los próximos años, bajo esta administración, habrá empresas que sacarán nódulos de aguas profundas del océano y los traerán a los Estados Unidos”. Esta declaración señala una clara priorización de los intereses económicos sobre la supervisión científica tradicional.

Riesgos y preocupaciones ambientales

Las áreas mineras propuestas plantean amenazas importantes a los ecosistemas marinos. Un estudio de la NOAA, que comenzará el próximo mes, mapeará el fondo marino cerca de Samoa Americana, un área adyacente al Monumento Nacional Marino Rose Atoll, un hábitat de coral protegido vital para cientos de especies marinas y zonas de anidación de tortugas marinas. La agencia también está considerando abrir operaciones mineras comerciales frente a la costa de Alaska, abarcando lucrativas zonas de pesca en el Golfo de Alaska y el Mar de Chukchi en el Ártico.

Los grupos conservacionistas y los científicos advierten que la minería de los fondos marinos podría causar daños irreversibles a los entornos de las profundidades marinas, perturbando ecosistemas frágiles que en gran medida siguen sin estudiarse. Los impactos a largo plazo de las columnas de sedimentos, la contaminación acústica y la destrucción del hábitat aún se desconocen, pero podrían ser devastadores.

Cambio de política e implicaciones a largo plazo

El paso de la NOAA de los estudios científicos a la prospección de recursos representa una tendencia más amplia hacia la priorización de las ganancias económicas a corto plazo sobre la protección ambiental. La medida subraya una decisión política de acelerar una industria con consecuencias ecológicas potencialmente graves. Este desarrollo plantea interrogantes sobre el futuro de la conservación de los océanos y el equilibrio entre la extracción de recursos y la salud de los ecosistemas marinos.

El cambio de política de la administración refleja una apuesta calculada: los beneficios económicos inmediatos de la minería en aguas profundas se comparan con los costos ambientales inciertos pero potencialmente catastróficos. Las implicaciones a largo plazo para la biodiversidad, las cadenas alimentarias marinas y la salud general de los océanos del mundo siguen sin estar claras.