Un eclipse lunar total, a menudo llamado “luna de sangre” debido a su llamativo tono rojizo, cautivó a los observadores del cielo en América del Norte, Australia, Nueva Zelanda y partes de Asia el 3 de marzo. Este evento marcó el último eclipse lunar total visible desde los Estados Unidos hasta 2029, lo que lo convierte en un espectáculo particularmente notable.

Qué pasó y por qué importó

El eclipse duró aproximadamente cinco horas y 39 minutos, y la fase más dramática, totalidad, duró alrededor de una hora. Durante la totalidad, la luna pasó por completo a la sombra umbral de la Tierra, la parte más oscura de la sombra de nuestro planeta, lo que provocó que se volviera de un color rojo intenso.

Este fenómeno no es sólo visualmente sorprendente; es un recordatorio de cómo la atmósfera de la Tierra interactúa con la luz solar. El color rojo proviene de la dispersión de Rayleigh : nuestra atmósfera bloquea las longitudes de onda azules más cortas de la luz solar, mientras que las longitudes de onda rojas más largas se doblan alrededor de la Tierra e iluminan la luna. Este es el mismo efecto que hace que los atardeceres parezcan rojos.

Visibilidad regional y calendario

Los observadores de la costa este tuvieron una ventana limitada para ver la totalidad, aproximadamente entre las 6:00 y las 7:00 a. m. EST, cuando la luna se puso durante el eclipse. Los espectadores en las zonas horarias central y del Pacífico disfrutaron de vistas más claras en las primeras horas de la mañana. Se estima que tres mil millones de personas en todo el mundo tenían al menos visibilidad parcial.

La conexión con los eclipses solares

Los eclipses lunares y solares ocurren en pares, unidos por un intervalo de aproximadamente dos semanas. Apenas dos semanas antes, el 17 de febrero, se pudo ver un raro eclipse solar de “anillo de fuego” sobre la Antártida. Estos eventos vinculados son consecuencia de la alineación predecible del Sol, la Tierra y la Luna.

¿Qué sigue?

El próximo eclipse lunar total visible desde América del Norte no ocurrirá hasta el 26 de junio de 2029. Hasta entonces, los observadores del cielo pueden esperar otros eventos celestes como lluvias de meteoritos y alineaciones planetarias.

Este eclipse fue una clara demostración de cómo interactúa la luz con nuestra atmósfera y la mecánica precisa de los cuerpos celestes en movimiento. Es un recordatorio de que incluso los acontecimientos aparentemente distantes en el espacio tienen efectos visibles en la Tierra.