Una coalición de 23 estados, 17 ciudades y agencias estatales ha presentado una demanda impugnando la decisión de la administración Trump de descartar un hallazgo científico histórico de que los gases de efecto invernadero ponen en peligro la salud pública. La medida desmantela efectivamente la base legal de las políticas climáticas clave de Estados Unidos, incluidas las normas de emisión para vehículos y plantas de energía.

La disputa central: la “determinación de peligro”

En el centro del conflicto está la “determinación de peligro” de 2009 emitida durante la administración Obama. Este fallo, establecido bajo la Ley de Aire Limpio, determinó que los gases de efecto invernadero representan un peligro claro y presente para la salud y el bienestar públicos. La administración Trump revocó esta conclusión el mes pasado, argumentando que carecía de autoridad legal para regular las emisiones basándose en preocupaciones sobre el cambio climático.

La demanda argumenta que esta derogación viola la Ley de Aire Limpio y socava décadas de esfuerzos de protección ambiental. La EPA, sin embargo, defiende su decisión, alegando que el hallazgo original era legalmente inestable y no justificaba regulaciones amplias sobre emisiones.

Actores clave y contexto político

El desafío legal está liderado por estados como Nueva York, California y Pensilvania, junto con ciudades importantes como Nueva York, Los Ángeles y Chicago. La Fiscal General de Nueva York, Letitia James, enmarcó la acción de la administración como una “negación” de una crisis clara y presente.

El presidente Trump ha desestimado repetidamente el cambio climático como un “engaño” y una “estafa”, y su administración ha desmantelado sistemáticamente las regulaciones ambientales desde que asumió el cargo. La revocación de la determinación de peligro se considera el último paso en este esfuerzo, liberando a las industrias para que contaminen con menos restricciones.

Por qué esto importa: más allá de la política

La demanda es más que una disputa legal; es una batalla sobre el futuro de la política climática en Estados Unidos. Sin la determinación de peligro, la autoridad de la EPA para regular los gases de efecto invernadero se ve gravemente debilitada. Esto podría conducir a un aumento de las emisiones, dificultando el cumplimiento de los compromisos climáticos internacionales y exacerbando los efectos del calentamiento global.

La medida también señala un cambio más amplio en la política ambiental, priorizando los intereses económicos sobre el consenso científico. Los críticos argumentan que esto socavará la salud pública, dañará a las comunidades vulnerables y acelerará la crisis climática.

“Seremos menos seguros, menos saludables y menos capaces de luchar contra el cambio climático, todo para que la industria de los combustibles fósiles pueda ganar aún más dinero”.

Es probable que el caso llegue a los tribunales, con importantes implicaciones para el futuro de la política climática de Estados Unidos. El resultado determinará si el gobierno federal puede seguir ignorando el consenso científico sobre el cambio climático o si se verá obligado a tomar medidas para proteger la salud pública y el medio ambiente.

Esta batalla legal subraya una profunda división ideológica sobre el cambio climático, con consecuencias de gran alcance tanto para Estados Unidos como para el mundo.