Una poderosa llamarada solar surgió del sol el 18 de enero, desatando una importante eyección de masa coronal (CME) que ahora ha golpeado la Tierra, desencadenando condiciones de tormenta geomagnética graves (G4). El impacto llegó antes de lo previsto, y la onda de choque se produjo a las 2:38 p.m. EST (1938 GMT) el 19 de enero, según el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA. La tormenta continúa y se espera que persista durante la noche, lo que podría mejorar la visualización de auroras.
Comprender los impactos de la CME
La fuerza del impacto de una CME depende fundamentalmente de su orientación magnética. Si el campo magnético de la CME se alinea hacia el sur (componente Bz), puede conectarse fácilmente con el campo magnético de la Tierra, inyectando energía en nuestra magnetosfera e iniciando tormentas geomagnéticas. Sin embargo, una orientación Bz hacia el norte desvía en gran medida la energía entrante, mitigando la intensidad de la tormenta. Algunas CME exhiben campos magnéticos mixtos, lo que genera actividad fluctuante, lo que dificulta la elaboración de pronósticos precisos. Los datos en tiempo real de naves espaciales como DSCOVR y ACE, ubicadas aguas arriba de la Tierra, son cruciales para evaluar completamente la orientación magnética después del impacto.
¿Qué son las llamaradas solares y las CME?
Las erupciones solares se clasifican según su intensidad, de la A a la X, y cada letra representa un aumento diez veces mayor en intensidad. La reciente llamarada, medida en X1,9, se encuentra entre las explosiones solares más fuertes. Esta llamarada alcanzó su punto máximo a las 13:09 horas. EST (1809 GMT) y provocó fuertes apagones de radio (R3), que afectaron principalmente a América.
Una CME es una expulsión masiva de plasma del sol que transporta un campo magnético. Cuando interactúa con la magnetosfera de la Tierra (la burbuja magnética protectora del planeta), puede inducir una tormenta geomagnética. Estas tormentas se clasifican desde menores (G1) hasta extremas (G5). Los pronósticos actuales sugieren que esta CME podría producir condiciones fuertes (G3) a severas (G4).
Posibles perturbaciones y visibilidad de las auroras
Las tormentas geomagnéticas de esta magnitud pueden alterar las operaciones de los satélites, degradar la navegación GPS y aumentar la resistencia atmosférica sobre las naves espaciales. Sin embargo, también potencian la actividad auroral, lo que potencialmente hace que las auroras boreales sean visibles más al sur de lo habitual, incluso cerca de los 45° de latitud. Esto significa que las regiones que rara vez ven la aurora pueden experimentar el fenómeno esta noche.
“Las llegadas de CME son notoriamente difíciles de pronosticar. Su velocidad, dirección de viaje y, lo más importante, su orientación magnética determinan con qué fuerza (si es que interactúan) con el campo magnético de la Tierra”.
El hecho de que esta CME haya ocurrido tan rápida y fuertemente subraya la naturaleza dinámica del clima espacial. Si bien las predicciones están mejorando, eventos inesperados como este demuestran la necesidad de un monitoreo y preparación continuos. El sol se encuentra actualmente en una fase activa de su ciclo, lo que significa que es probable que le sigan más erupciones y CME.
Este evento destaca cuán vulnerable es nuestra infraestructura tecnológica moderna al clima espacial y por qué es fundamental seguir invirtiendo en esfuerzos de previsión y mitigación.

























