Los astrónomos han confirmado la existencia de agujeros negros expulsados de galaxias a velocidades inmensas, algunos de ellos viajando a miles de kilómetros por segundo. Estos agujeros negros “fugitivos”, alguna vez considerados teóricos, ahora se observan atravesando el espacio, dejando rastros de estrellas desintegradas a su paso. El descubrimiento plantea la posibilidad, aunque extremadamente remota, de que algún día uno pueda ingresar a nuestro sistema solar.

La física detrás de la eyección cósmica

El concepto surgió de un trabajo teórico en la década de 1960, cuando el matemático Roy Kerr demostró que los agujeros negros en rotación pueden almacenar energía rotacional equivalente al 29% de su masa. El físico Roger Penrose demostró más tarde que esta energía podría liberarse durante las fusiones de agujeros negros. Cuando dos agujeros negros en rotación chocan, las ondas gravitacionales resultantes pueden impulsar el agujero negro fusionado en una dirección específica, actuando como un cohete propulsor. Cuanto más rápido giran, más fuerte es la patada.

Evidencia de ondas gravitacionales

La primera evidencia directa llegó en 2015 con la detección de ondas gravitacionales por parte de los observatorios LIGO y Virgo. Estas señales confirmaron que se producen colisiones de agujeros negros, y el análisis de los “ringdowns” resultantes reveló que algunos pares tenían espines orientados aleatoriamente, liberando una enorme energía. Esto validó la posibilidad teórica de que existan agujeros negros desbocados.

Observaciones del mundo real

Observaciones recientes han identificado varios candidatos. Los astrónomos han encontrado franjas rectas de estrellas dentro de las galaxias, probablemente formadas por gas interestelar comprimido tras el paso de agujeros negros. En una galaxia, el telescopio James Webb detectó una estela de 200.000 años luz de longitud, lo que sugiere un agujero negro 10 millones de veces la masa del Sol que viaja a casi 1.000 kilómetros por segundo. Otro ejemplo muestra una estela de 25.000 años luz en NGC3627, atribuida a un agujero negro de 2 millones de masa solar que se mueve a 300 kilómetros por segundo.

Implicaciones y riesgos futuros

Si existen fugas masivas, también deben existir otras más pequeñas y más rápidas. Sus velocidades podrían permitirles viajar entre galaxias. Si bien las probabilidades de que uno entre en nuestro sistema solar son astronómicamente bajas, las posibles consecuencias serían catastróficas. Sin embargo, el descubrimiento añade otra capa de complejidad y entusiasmo a nuestra comprensión del universo.

La existencia de agujeros negros descontrolados confirma que el cosmos es aún más dinámico e impredecible de lo que se pensaba anteriormente. Estos vagabundos cósmicos representan un nuevo ingrediente en la historia del universo, enriqueciendo nuestro conocimiento y al mismo tiempo recordándonos las fuerzas extremas en juego.