Jean-Baptiste de Monet, caballero de Lamarck, no se limitó a estudiar la naturaleza. Ayudó a definir cómo lo organizamos. Nacido en Bazentin-le-Petit, Francia, el 1 de agosto de 1744 y fallecido en París el 18 de diciembre de 1829, Lamarck ocupa un extraño espacio en la historia de la ciencia. A menudo se le recuerda por estar equivocado. Pero el marco que construyó era correcto.
Consideremos la palabra misma. Antes de 1802, no existía realmente un término único para el estudio de la vida. Lamarck acuñó la biología. Dos sílabas simples. Toda una disciplina.
El museo como sistema
Ahora damos por sentado las colecciones de los museos. Entra en cualquier museo de historia natural y verás filas de especímenes etiquetados. Este sistema no apareció por casualidad. Lamarck fue uno de los creadores del concepto moderno de colección de museos.
Consideró que estos conjuntos no eran curiosidades, sino clasificaciones bajo patrocinio institucional. Necesitaban mantenimiento. Necesitaban especialistas con conocimientos. Fue un paso del acaparamiento de rarezas a la gestión de datos. Mucho antes de que “big data” fuera una palabra de moda, Lamarck trataba los objetos como parte de un sistema estructurado y actualizado.
Fósiles y familiares
Quizás su visión más precisa involucrara el pasado profundo. Lamarck parece haber sido el primero en relacionar los fósiles directamente con los organismos vivos. Miró una concha enterrada en una roca y vio su contraparte moderna en el mar. No sólo vio una piedra. Vio a un familiar.
Esta conexión sentó las bases para la anatomía comparada. Sugirió que la historia de la Tierra estaba registrada en sus piedras, y que esas piedras coincidían con las criaturas que aún respiran hoy.
El error que hizo eco
Luego está el lamarckismo. La idea de que los rasgos adquiridos se pueden heredar. ¿Levantas pesas pesadas, tus músculos crecen y tu hijo nace más grande? No. Así no es como funciona la genética.
La mayoría de los genetistas desacreditaron esta noción después de la década de 1930. Demostraron que los cambios en el cuerpo durante la vida no reescriben el código que se transmite a la descendencia. Al ADN no le importa tu rutina de gimnasio.
Hubo una excepción. La Unión Soviética. Allí, las ideas de Lamarck dominaron la genética rusa hasta los años 1960, defendidas por Trofim Lysenko. Fue una elección tanto política como científica. La ideología estatal prefería una visión de la naturaleza que pareciera maleable, adaptable a la voluntad humana. Fue un desvío peligroso en la historia de la ciencia.
Por qué es importante Lamarck
¿Por qué seguimos hablando de él? ¿Por qué vincular su nombre con Charles Darwin y el darwinismo?
Porque Lamarck hizo la pregunta correcta, incluso si dio la respuesta equivocada. Quería explicar cómo las especies cambian con el tiempo. Propuso un mecanismo. Fue defectuoso. Pero la pregunta en sí era revolucionaria.
Antes de Lamarck, las especies se consideraban a menudo fijas. Creado. Inmutable. Lamarck sugirió movimiento. Progreso. Transformación.
Se equivocó en cuanto al mecanismo. Tenía razón sobre la dirección.
El viento sopla. Los árboles se doblan. Algunos se rompen. Algunos se adaptan. Lamarck pensó que la flexión se transmitía de generación en generación. Ahora sabemos que son las semillas las que llevan el código. Pero las semillas sólo importan si hay un bosque donde crecer.
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