Los números no se ven muy bien si entrecierras los ojos. Pero Jackdaw dice que no.
Adura, el propietario de ese controvertido yacimiento de gas del Mar del Norte, publicó un nuevo informe. Afirma que su proyecto no influirá materialmente en el cambio climático. Ésa es la línea oficial. Su última Evaluación de Impacto Ambiental sitúa sus emisiones a lo largo de su vida en menos del 0,02 por ciento de los gases de efecto invernadero globales. Diminuto. Casi invisible.
Se puede argumentar que el cero por ciento hubiera sido mejor.
Pero aquí está la configuración. Esta no fue simplemente otra pieza de relaciones públicas. Fue ordenado por los tribunales. Un juez había dictaminado previamente que el consentimiento del gobierno para Jackdaw era ilegal. El papeleo había sido escaso. Los reguladores lo querían más espeso. Los grupos ambientalistas habían respondido, tratando de bloquear tanto Jackdaw como el cercano proyecto petrolero Rosebank. Perdieron esa batalla específica, por lo que se examinaron las matemáticas.
Adura es una empresa conjunta. Caparazón. Equinor. Pesos pesados.
Su argumento de 159 páginas se reduce a un intercambio. En lugar de comprar gas natural licuado a Estados Unidos, se lo compramos a Jackdaw. ¿La lógica? El gas nacional salva el planeta frente al gas importado. ¿Cómo? Eliminando los viajes.
Gas licuado. Enviarlo a través de océanos. Regasificándolo en destino. Ese proceso tiene fugas. El informe de Adura estima que este intercambio ahorra el equivalente a cuatro millones de toneladas de carbono. Sostiene que la importación causaría aproximadamente un 20 por ciento más de emisiones. ¿Entonces lo local es en realidad mejor? Ese es el discurso.
También se apoyaron en la burocracia como escudo.
“Menor” es su palabra para el impacto climático.
¿Por qué? Porque el Reino Unido regula bien. La industria tiene objetivos. Se alinea con el Acuerdo de París. Las reglas existen, por lo tanto el daño está controlado.
¿Un balance limpio arregla el cielo? Probablemente no.
Pero el 0,02 por ciento es una cifra difícil de superar. El regulador acepta la nueva propuesta. Se supera el obstáculo legal. El gas sigue fluyendo.
El argumento se basa en la resta, no en la eliminación. Quemamos menos al elegir qué gas quemar. Es una salida por los pelos, desde el punto de vista legal y técnico. Pero al fin y al cabo es un escape.
¿Qué más les gustaría que dijeran?
