Una nueva investigación sugiere que los rastros de cocaína y sus productos de descomposición en ríos y lagos no son sólo contaminantes ambientales: son disruptores activos del comportamiento de la vida silvestre. Un estudio centrado en el salmón del Atlántico revela que la exposición a estas sustancias puede provocar patrones de movimiento erráticos, lo que potencialmente deja a los peces más vulnerables al hambre y la depredación.

El estudio: seguimiento de los cambios en el movimiento

Para comprender cómo los contaminantes de las drogas afectan a los peces en un entorno natural, investigadores de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas llevaron a cabo un experimento controlado en el Lago Vättern, el segundo lago más grande de Suecia.

El equipo utilizó salmón del Atlántico de dos años de edad, criado en criadero, equipado con implantes especializados diseñados para liberar niveles “ambientalmente realistas” de dos sustancias:
1. Cocaína
2. Benzoilecgonina (el principal metabolito/producto de descomposición del fármaco)

Un tercer grupo de salmones no recibió ningún fármaco que sirviera de control. Utilizando transmisores acústicos, los investigadores rastrearon a los peces durante dos meses para controlar su movimiento y niveles de actividad.

Hallazgos clave: el impacto de los metabolitos

Los resultados, publicados en la revista Current Biology, indican que los productos de degradación de la cocaína pueden ser en realidad más peligrosos para la vida acuática que la propia droga.

  • Aumento de actividad: Si bien todos los salmones finalmente se estabilizaron, los expuestos a las sustancias mostraron un aumento en la actividad hacia el final del estudio.
  • Mayor dispersión: En las últimas dos semanas, los salmones expuestos a la cocaína nadaron 5 km más lejos que el grupo de control.
  • El efecto del metabolito: El impacto del metabolito (benzoilecgonina) fue aún más pronunciado. Estos peces nadaron casi 14 km más y se aventuraron significativamente más al norte que el salmón no expuesto.

“En realidad fue el metabolito… el que tuvo un efecto mucho más profundo en el comportamiento y el movimiento de los peces”, señaló el Dr. Jack Brand. Advirtió que si las evaluaciones de riesgos ambientales ignoran estos metabolitos, los científicos podrían estar pasando por alto una gran parte de la amenaza real a la vida silvestre.

Por qué esto es importante para los ecosistemas

La alteración del comportamiento natural crea una peligrosa “compensación” para las poblaciones de peces. Cuando el salmón nada más y de forma más errática, se enfrenta a dos riesgos principales:

  1. Agotamiento de energía: Un mayor movimiento requiere más combustible. Si los peces queman energía a un ritmo antinatural, es posible que tengan dificultades para mantener su condición física.
  2. Aumento de la depredación: Al aventurarse más en nuevos territorios o moverse más activamente, los peces pueden exponerse sin querer a depredadores, como el gran lucio que se encuentra en el lago Vättern.

Este estudio se suma a un creciente cuerpo de evidencia sobre la “contaminación química” en las vías fluviales. Investigaciones anteriores ya han documentado que las truchas son “adictas” a la metanfetamina y las percas pierden su miedo natural a los depredadores debido al escurrimiento de antidepresivos.

El origen del problema: alcantarillado e infraestructura

Si bien las modernas plantas de tratamiento de aguas residuales son relativamente eficientes para eliminar drogas ilícitas, no son perfectas. Los principales impulsores de esta contaminación son:
Desbordamientos por tormentas: Sistemas que liberan aguas residuales sin tratar durante fuertes lluvias.
Conexiones erróneas: Errores en las tuberías domésticas que conducen las aguas residuales sin tratar directamente a los cursos de agua.

Los expertos, incluido el profesor Leon Barron del Imperial College de Londres, sugieren que mejorar la gestión de las aguas residuales y reducir las descargas de aguas residuales son pasos críticos para proteger la biodiversidad acuática.


Conclusión
La presencia de cocaína y sus metabolitos en los sistemas de agua dulce está alterando fundamentalmente el movimiento y el gasto energético del salmón. Este cambio de comportamiento plantea un riesgo significativo, aunque a menudo pasado por alto, para la estabilidad de las redes alimentarias acuáticas y la biodiversidad en general.