El brote de Cyclospora en Estados Unidos no es sólo otro titular de miedo. Se trata de una auténtica oleada de un parásito que provoca diarreas explosivas y que está vinculado a una fuente concreta: la lechuga iceberg cultivada en México.

Esto no es teórico. El parásito se propaga a través de las heces. Los ooquistes ingresan al ambiente, permanecen durante una o dos semanas en un lugar cálido y luego esporulan. Cuando los comes, eclosionan en el intestino delgado. El ciclo se repite.

La transmisión de persona a persona es rara. Se trata de agua o alimentos contaminados. Específicamente, las verduras para ensalada en bolsas son las sospechosas habituales. ¿Por qué? Porque se comen crudos. La cadena de producción ofrece múltiples posibilidades de contaminación antes de sellar la bolsa.

El mito del lavado

Probablemente hayas visto publicaciones que sugieren un baño de vinagre o un baño de lejía. Detener.

El lavado es un procedimiento estándar. Pero para Cyclospora, es en gran medida inútil. El parásito tiene una capa protectora que los desinfectantes y los fregadores no pueden penetrar. Rotonya De Latour, gastroenteróloga de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, fue tajante con Scientific American: no se puede eliminar o matar definitivamente el parásito simplemente lavándolo, ni siquiera con un cepillo.

Si lo comes y el parásito sobrevive, los síntomas aparecen aproximadamente una semana después. Estamos hablando de diarrea, pérdida de peso, calambres, barrigas hinchadas, pérdida de apetito, náuseas y fatiga aplastante. Si no se tratan, estos síntomas se prolongan durante un mes. Los antibióticos pueden acortar la duración, pero no son un método de prevención.

¿Qué mata realmente a la Cyclospora?

Si quieres comer verduras ahora mismo, debes cambiar tu estrategia. Los CDC recomiendan lavar todas las frutas y verduras con agua corriente y fregar los productos firmes. Ese es un buen consejo general. Aquí no basta.

El calor es el único asesino confiable de este parásito específico. Debes cocinar la comida al menos a 158 grados Fahrenheit (70 grados Celsius). Si no puedes cocinarlo, estás tirando los dados con ensalada en bolsas.

La epidemióloga Marisa Donnelly ofrece orientación directa sobre qué alimentos evitar. Ella recomienda mantenerse alejado de las ensaladas en bolsas y cajas que se encuentran en las tiendas de comestibles y restaurantes hasta que surjan más datos.

Entonces, ¿qué puedes comer? Limítese a productos que se puedan pelar. Piensa en pepinos. O verduras con superficies lisas e intactas. Estos ofrecen menos puntos de entrada de contaminantes en comparación con las verduras de hojas verdes con sus grietas y pliegues.

Estrategias de mitigación de riesgos

No es necesario seguir una dieta completa de alimentos crudos. Sólo necesitas ser más inteligente con tu preparación.

  • Compre cabezas enteras: En lugar de bolsas prelavadas, compre cabezas enteras de lechuga iceberg.
  • Deseche las capas exteriores: Deseche las hojas más externas. Estos son los que están expuestos a la manipulación y al medio ambiente durante el transporte.
  • Lave el resto: Frote bien las hojas internas con agua corriente. No garantiza la esterilidad, pero elimina los residuos de la superficie.

“Seguir evitando las ensaladas en bolsas y cajas… Sigo prefiriendo productos que se puedan pelar o verduras con superficies lisas”.

La lechuga en bolsas ahorra tiempo, pero traslada todo el riesgo al consumidor y al fabricante. En un brote activo, ese riesgo ya no vale la pena. Al parásito no le importa tu apretada agenda. Sólo le importa el calor y la materia fecal.

Las pautas de los CDC siguen siendo la base: lavar, frotar y cortar las áreas magulladas. Pero ante un aumento repentino de Cyclospora, esa línea de base no es lo suficientemente alta. Necesita calor o productos enteros sin procesar. El resto son conjeturas. Y cuando se trata de un parásito que le revuelve el estómago, lo último que quiere hacer es adivinar.