Larissa Hope tenía 17 años. Acababa de conseguir un papel en Skins. La fama la golpeó duramente, desenterrando un trauma que había enterrado durante años.
Los antidepresivos no hicieron nada.
Entonces tomó una dosis clínica de psilocibina.
No fue un truco de fiesta. Era medicina. Lloró incontrolablemente, abrumada por una repentina y sorprendente sensación de seguridad. “Estoy en casa”, seguía diciendo.
Dos décadas después, atribuye a esa única experiencia (y a la terapia que siguió) el mérito de haberla alejado de los pensamientos suicidas.
No todo el mundo tiene un final feliz.
Tomemos como ejemplo a Jules Evans. Hoy investigador universitario, pero a los 18 años era sólo un niño experimentando con LSD. El resultado fue horror. Se engañó, convencido de que el mundo lo estaba juzgando. Sintió que su mente se rompía en tiempo real. Aterrorizado. Roto.
¿Qué historia es verdadera?
Quizás ambos.
Una avalancha de nuevos estudios sugiere que los psicodélicos podrían funcionar. Para la depresión, el trastorno de estrés postraumático, el TOC e incluso la adicción al juego. La ciencia está cambiando, pero lentamente. El regulador de medicamentos del Reino Unido está observando de cerca los datos, específicamente esperando los resultados de un importante ensayo realizado por Compass Pathways que se realizará este año.
Hasta entonces, la ley es estricta. El uso de estas sustancias fuera de los ensayos autorizados es ilegal. Período.
Pero las viejas reglas parecen cada vez más desincronizadas con la nueva realidad.
“Necesitamos desesperadamente más tratamientos… estos tienen el potencial de funcionar más rápido”.
— Prof. Oliver Howes, Real Colegio de Psiquiatras
El profesor Howes ve esperanza. Esperanza de acción realmente rápida. Los antidepresivos convencionales tardan semanas en actuar. ¿Psilocibina? Podría reconectar las vías neuronales relevantes en minutos. Imagínese detener una espiral de depresión antes de que comience, no semanas después, cuando ya se está ahogando.
Pero la esperanza no son datos.
El Dr. David Nutt, del Imperial College de Londres, provocó este resurgimiento en la década de 2010. Sus primeros ensayos demostraron que la psilocibina combinaba con los medicamentos tradicionales y tenía menos efectos secundarios. La velocidad es el pateador. Se trata de romper el círculo. Como el perro de Pavlov, un adicto aprende a asociar un entorno o sentimiento con su dosis. Nutt cree que los psicodélicos pueden romper esa asociación.
¿Es mágico? ¿O simplemente una mejor biología?
No lo sabemos todavía.
La cautela está bien fundada. El Real Colegio de Psiquiatras advirtió sobre los riesgos en 2025. Y con razón. Una encuesta realizada por Challenging Psychedelic Experiences pinta un panorama más oscuro:
– El 52% de los usuarios habituales tuvo viajes intensamente desafiantes.
– El 39% calificó esos viajes entre los peores de sus vidas.
– El 8,9% se sintió afectado durante más de un día después.
– El 6,7% consideró hacerse daño a sí mismo o a otros.
Evans ve estas estadísticas y siente alivio. Los médicos deben comprender qué tan grave puede llegar a ser antes de declarar algo “seguro”. La recuperación lleva tiempo. Meses. A veces años.
Sin embargo, Nutt califica la actual burocracia como un “fracaso moral”. La gente está muriendo mientras la burocracia paraliza la investigación. Quiere acceso al NHS para todos, no sólo para aquellos con dinero.
La ketamina ya tiene un punto de apoyo médico en el Reino Unido. ¿Pero la psilocibina? ¿LSD? ¿DMT? Todavía están prohibidos bajo la Lista 1 de medicamentos, clasificados como sin valor médico. Una clasificación que muchos investigadores consideran una tontería obsoleta.
El gobierno está mordisqueando el borde de la reforma. Algunas universidades y sitios del NHS están obteniendo exenciones piloto. Pero el cambio es glacial.
“Si las terapias psicodélicas resultan seguras… espero verlas a través del NHS”. – Profesor Nutt
Los quiere para el público, no para los privilegiados. ¿Pero escuchará el regulador?
Los ensayos de la fase tres de Compass Pathways podrían forzar una conversación. O podrían confirmar las dudas de los escépticos. La línea entre una cura milagrosa y una alucinación peligrosa es delgada y está trazada en la biología individual.
Larissa Hope sabe cómo se siente la paz ahora. Para ella la muerte dejó de ser la única salida. Su sistema nervioso recordaba cómo calmarse.
Pero millones de personas no han encontrado su versión de “hogar”. La ciencia promete una puerta. La ley todavía tiene el control.
Si se abre… depende de quién tenga la llave el próximo año.

























