La pianola no es sólo una curiosidad antigua. Es una máquina diseñada para reproducir música sin manos humanas. Las primeras versiones utilizaban rollos de papel perforado. Las versiones modernas utilizan memoria digital en discos de computadora. El objetivo sigue siendo el mismo. Deje que una máquina se encargue de los billetes.
Los orígenes neumáticos de la pianola
Comenzó con un gabinete. E.S. Votey, un ingeniero estadounidense, patentó la primera pianola en 1897. La llamó “Pianola”. Este dispositivo se encontraba frente a un piano estándar. Tenía dedos de madera que se extendían sobre las teclas.
Dentro del gabinete, un rollo de papel se movía sobre una barra de seguimiento. Esta barra controlaba dispositivos neumáticos. El aire liberado por estos dispositivos empujó los dedos de madera. Los dedos tocaron las notas en el teclado de abajo.
Las pianolas permitían a personas con una formación musical mínima producir música satisfactoria mediante un cuidadoso pedaleo.
Los operadores accionaron un pedal para impulsar el sistema. Usaron palancas para controlar el tempo y el volumen. Esto requería habilidad. Había que vigilar el rodaje y pisar los pedales correctos en el momento adecuado. Era una forma elemental de musicalidad.
Los fabricantes pronto cambiaron esto. Construyeron el mecanismo directamente en el cuerpo del piano. El pedal se movió debajo del piano. Los controles se quedaron al frente. Pero todavía necesitaban la intervención del jugador.
El auge del piano reproductor
El siguiente paso fue la automatización. Los fabricantes agregaron dispositivos a los rollos de papel. Estos dispositivos se aproximaron a los matices artísticos. Manejaron los cambios de tempo. Ajustaron el volumen relativo de los graves y los agudos. Crearon crescendos y diminuendos.
Estas máquinas avanzadas se denominaron pianos reproductores. No requirieron intervención humana durante la reproducción. El propio rollo contenía los datos de rendimiento.
La electricidad finalmente reemplazó a la fuerza de los pies. Este cambio tuvo enormes implicaciones. Las casas tienen pianolas. Los centros de diversión y salones de baile obtuvieron versiones que funcionan con monedas. Los pianos de reproducción eran a menudo pianos de cola. Los pianos estándar solían ser verticales.
Grabando los Masters
A principios del siglo XX, la tecnología podía capturar a grandes artistas. Las empresas fabricaban rollos que reproducían actuaciones con bastante precisión. Se oía a Alfred Cortot. Se oía a Claude Debussy. Se podía escuchar a Sergey Rachmaninoff. Artur Rubinstein y George Gershwin también estaban en lista.
Estas reproducciones de interpretaciones de piano se transfirieron posteriormente a discos fonográficos. La pianola se convirtió en un puente entre la interpretación en vivo y los medios grabados.
Los compositores se interesaron. Escribieron piezas sin preocuparse por los límites de la mano humana. Igor Stravinsky escribió Étude for Pianola en 1917. Paul Hindemith compuso Toccata para piano mecánico en 1926. La máquina ofrecía nuevas posibilidades creativas.
La moda de los pianos tradicionales se desvaneció en la década de 1930. La radio y los fonógrafos se hicieron más populares. La gente prefería escuchar transmisiones o vinilos a gabinetes mecánicos.
El renacimiento digital: Yamaha Disklavier
La tecnología no desapareció. Evolucionó. En la década de 1990, Yamaha presentó el Disklavier. Este es un piano acústico. Tiene una computadora en su interior.
El Disklavier lee datos de disquetes o discos compactos. Recrea prácticamente todos los matices de una actuación. Tono. Tocar. Momento. Rango dinámico. Imita fielmente una actuación real.
El mecanismo de pulsación de teclas es diferente ahora. No es neumático. Es electromagnético. Sensores y solenoides activan las llaves y los pedales. Esto permite un control preciso.
El Disklavier puede hacer más que reproducir discos. Puede grabar. Tocas el teclado. La máquina captura las notas. Luego los reproduce. Los estudiantes e intérpretes de piano pueden estudiar su propia obra en un piano real. Sin auriculares. Sin sistema de audio convencional. Sólo el instrumento en sí.
Los disklaviers van desde simples verticales hasta pianos de cola de concierto. Mantienen viva la pianola en la era digital. El hardware es viejo. El software es nuevo. El resultado es un híbrido de pasado y presente.























